



El Jardín de Mis Recuerdos
Al mirar hacia atrás en estos doce años de mi vida, me doy cuenta de que mi paso por el colegio ha sido un viaje lleno de risas, aprendizajes y experiencias que siempre llevaré en el corazón. Desde el primer día, cuando entré con nerviosismo y emoción, hasta el último día en el que me despediré de mis compañeras con lágrimas en los ojos, donde cada momento ha sido una pieza fundamental en el rompecabezas de quien soy hoy.
Este lugar no solo fue un espacio para adquirir conocimientos académicos; fue un hogar donde construí amistades que, estoy segura, perdurarán por toda la vida. Recuerdo con ternura esas horas interminables en el patio, compartiendo secretos y sueños, riendo hasta que nos dolía el estómago. Mis amigas fueron mi refugio, mi apoyo y, a menudo, mis cómplices en pequeñas travesuras. Juntas vivimos aventuras, desde juegos en el descanso hasta las largas noches de estudio para evaluaciones, siempre acompañadas de risas y alguna que otra broma.
Los profesores que encontré en el camino fueron mucho más que guías académicos; se convirtieron en mentores y modelos a seguir. Cada uno, a su manera, dejó una huella en mi corazón. Con su dedicación y amor por la enseñanza, me ayudaron a descubrir mis talentos y a superar mis miedos. Sus palabras de aliento resonaban en mí en los momentos difíciles, recordándome que siempre podía dar lo mejor de mí. Cada clase era una nueva oportunidad para aprender, no solo sobre materias, sino sobre la vida, y la perseverancia.
Una de las experiencias más enriquecedoras fue la lúdica de danzas que aprendí en el colegio. Cada paso, cada movimiento, se convertía en una forma de expresión que me permitió conectar con mis compañeras y conmigo misma. Las clases de danza eran momentos de libertad, donde podía dejarme llevar por la música y la alegría del movimiento. Aprendí que bailar no solo es un arte, sino una forma de comunicar emociones y fortalecer lazos con quienes me rodean. Las presentaciones en las que compartimos nuestro trabajo en equipo y dedicación quedarán grabadas en mi memoria como celebraciones de creatividad y amistad.
Otro momento que marcó mi vida fue mi retiro de once grado a Armenia. Este viaje me ofreció la oportunidad de reflexionar sobre mi trayectoria (Adjuntó foto de un encuentro con Cristo del año 2017) y reafirmar mis valores y sueños. Fue un momento de introspección y conexión con la naturaleza, donde pude apreciar la belleza del mundo que me rodea y la importancia de cada paso que he dado. Allí, lejos del ruido cotidiano, entendí el valor de lo que había vivido y cómo todo se entrelazaba en un hermoso tapiz de experiencias. También cada carta que recibí de familiares y amigos era un regalo, un recordatorio tangible de su amor y apoyo incondicional. En cada página, sentí la calidez de sus palabras, llenas de buenos deseos y recuerdos compartidos. Leí relatos de momentos felices y anécdotas que nos unieron, y en esos instantes, comprendí lo afortunada que soy de tener a personas tan especiales en mi vida. La distancia no solo me permitió reflexionar sobre mi propio camino, sino que también me acercó a ellos de una manera diferente, mostrando que, aunque físicamente separados, el lazo que nos une es más fuerte que cualquier kilómetro, y que el legado, y felicidad de mi papá vive en cada uno de mis recuerdos.
Uno de los momentos más significativos de mi vida escolar fue la Fiesta de Jesús Divino Maestro que celebramos hace poco, y como promoción 2024 teníamos las ansias de presenciar. Recuerdo la alegría en los rostros de mis amigas, la música, los juegos, y sobre todo, esa sensación de comunidad y amor que llenaba el aire. En esos momentos, sentí que formaba parte de algo más grande que yo misma, algo que trasciende el tiempo y el espacio. Para mi el colegio siempre va ser mi lugar seguro, y aunque me haga tener muchas decepciones, por mis estudios, ya que soy bastante perfeccionista, siempre va a ser ese segundo hogar.
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que fui feliz en este colegio. Cada rincón está impregnado de recuerdos: las clases llenas de risas, las tardes de estudios en grupo, las charlas profundas con mis amigas, y esos momentos de silencio en los que reflexionábamos sobre nuestros sueños y anhelos. Esos doce años no solo moldearon mis habilidades académicas, sino también mi carácter, mi empatía y mi amor por la vida.
Hoy, mientras me despido de este capítulo tan importante, lo hago con un corazón lleno de gratitud. Agradezco cada amiga que cruzó mi camino, cada profesor que me inspiró y cada vivencia que me hizo crecer. Aunque este capítulo se cierra, sé que llevaré conmigo todas las lecciones y recuerdos que aquí adquirí. Este colegio siempre será una parte fundamental de mi historia, un lugar donde fui amada y donde aprendí a amar.




